domingo, 15 de abril de 2018

Curiosidades de la Generación del 27. La primera publicación en el exilio del "Romancero Gitano" de García Lorca

En estos días de tantas reminiscencias de la llamada Generación del 27, y muy especialmente, de la figura de Federico García Lorca, localizar en la arqueología de las librerías de viejo un ejemplar como el que va a ser objeto de este comentario, tiene para el bibliófilo, y por supuesto, para el aficionado al universo poético de estos autores, un valor ciertamente extraordinario. Es un placer tener en Cáceres un lugar como Boxoyo Libros, un verdadero oasis donde recalar de tanto en cuando para hurgar en sus poblados anaqueles a la búsqueda de volúmenes cargados de literatura, pero también con su historia propia. Llevo coleccionando ediciones de autores del 27 desde hace años, y de hecho, del "Romancero Gitano", de Federico García Lorca, poseo varias, por supuesto, no la primera, de 1928, inasequible de todo punto a los bolsillos de los modestos coleccionistas. Me había conformado con conseguir las publicadas en Argentina, por editorial Losada, en los años cincuenta, bien de forma independiente (Biblioteca Contemporánea), o en el marco de la publicación del resto de obras de Lorca (Obras Completas). Lejos en el tiempo pues aquella edición de la Revista de Occidente que se publicara en España, en plena efusión creativa de los autores de esta celebrada generación poética, antes incluso de la proclamación de la II República Española, el 14 de abril de 1931.  Descubro ahora que en ese intermedio de tiempo, consumada la tragedia que asoló el país con motivo de la Guerra Civil, y ya en las ingratas mareas del exilio, otro de aquellos poetas, Rafael Alberti, publicó el Romancero Gitano, en Buenos Aires, en 1943, formando parte de la colección "Rama de Oro", dirigida por el propio Alberti, y con una tirada limitada de 1500 ejemplares. Este volumen, localizado en la aludida librería cacereña (el ejemplar 1063), es en sí una joya si tenemos en cuenta que más allá del magistral texto lorquiano, incluye varios elementos verdaderamente singulares que vienen a servir de enlace con algunos acontecimientos que marcaron la vida del poeta y el extraordinario clímax creativo en que se movió junto con sus compañeros. 


Romancero Gitano, Colección "Rama de Oro", 
Buenos Aires, 1943.

Comienza Alberti por recordar a Federico en Sevilla, con referencia expresa a aquel año de 1927 que califica en su prólogo "de intensa agitación y bandería por don Luis de Góngora", pues no en vano fue entonces cuando se produjo el legendario encuentro de talentos literarios que luego diera nombre a aquella generación. Añade Alberti: "García Lorca y yo nos encontramos en la capital andaluza, invitados con otros escritores de nuestra generación para celebrar el tercer centenario de la muerte del inmenso y escarnecido poeta cordobés", recordando que era el Ateneo quien les llevaba y que precisamente, la lectura del Romancero Gitano, inédito aún, constituyó un "éxito clamoroso, casi taurino". Todo el prólogo es una auténtica crónica de esos días sevillanos, de encuentro de autores, de toros y toreros, erigiéndose entre estos la figura relevante de Ignacio Sánchez Mejías, luego protagonista de aquella célebre elegía que le dedicase a su muerte el poeta granadino. ¡Cómo debieron disfrutar estos jóvenes autores! Recuerda Alberti los momentos vividos en casa de Ignacio: "¡Noche aquella, graciosa y profunda!, noche de poetas y amigos, de gente buena. Se bebió. Recitamos nuestras poesías."  Pero es que, del mismo modo, el libro concluye con un poema del propio Alberti en el cual recuerda la injusta y aleve muerte de Federico, poema que titula "Elegía a un poeta que no tuvo su muerte", y que por su indudable interés, me permito reproducir ahora: 

NO tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba.
Malamente, a sabiendas, equivocó el camino.
¿Adónde vas? Gritando, por más que aligeraba,
no paré tu destino.

¡Que mi muerte madruga! ¡Levanta! Por las calles, 
los terrados y torres tiembla un presentimiento.
A toda costa el río llama a los arrabales,
advierte a toda costa la oscuridad al viento. 

Yo, por las islas, preso, sin saber que tu muerte
te olvidaba, dejando mano libre a la mía.
¡Dolor de haberte visto, dolor, dolor de verte
como yo hubiera estado, si me correspondía!

Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria, 
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.

Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso te esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida. 

RAFAEL ALBERTI


Fotografía de Lorca y Alberti que aparece en el libro "Poesía Española, Antología 1915-1931", publicada por la Editorial Signo, en Madrid, 1932 y coordinada por Gerardo Diego. 

No acaban aquí las sorpresas y tesoros del libro que comentamos, pues en él también se contiene una imagen del "Autorretrato de Federico García Lorca, hecho en Nueva York", que había sido pintado por el poeta entre 1929 y 1931, formando parte de una serie de dibujos que Lorca hizo durante su estancia en dicha ciudad. La primera publicación de este "Autorretrato", se produjo en la revista "Verve", en 1938. Tras incluirlo José Bergamín en la edición de "Poeta en Nueva York" de México, 1940, Alberti la vuelve a reproducir en esta edición del "Romancero Gitano", apenas tres años después. 














domingo, 8 de abril de 2018

Lecturas encadenadas: Libros que llevan a otros libros

Como si de páginas web se tratara, últimamente, los libros me generan vínculos que conducen a otros libros, creando un tejido de lecturas encadenadas del que no parece fácil salir. Así, uno se ve compelido a diseñar su singladura literaria haciendo obligada parada en ciertos títulos, cuyas páginas terminarán alimentando la necesidad de recalar en otras obras. La hoguera de los inocentes, el más reciente libro publicado por Eugenio Fuentes, que leía apenas comenzado el año, habría precipitado, con su enorme bagaje de referencias bibliográficas, una irrefrenable urgencia de indagar en muchos de los títulos allí mencionados, como El proceso, de Franz Kafka, que al haber pasado por mis manos en tiempos casi juveniles, me ha permitido una lectura casi desde cero. La desazón y angustia del protagonista, inmerso sin motivo ni razón aparente en una espiral marcada por el desencanto y la mutilación del futuro, a merced de factores externos que se ve incapaz de controlar, le abocan a una náusea que tiene reflejo en el relato del mismo nombre de Jean Paul Sartre. Si volvemos a los planteamientos que Eugenio Fuentes realizaba en su ensayo, y el entorno literario y filosófico en que aquellos se mueven, la consideración del existencialismo como tesis y ocasional punto de destino se erigen como una de las salidas posibles ante la inoperancia de los mecanismos que deberían garantizar la libertad y la forma de mirar y juzgar al otro, al semejante, aunque sea distinto a uno mismo por sus características físicas, psicológicas o sociales. En La náusea, su personaje principal, que vive una existencia gris, acaba asaltado por una sensación desconocida que terminará marcando su vida y su realización como ser humano, suscitando cuál es en sí el valor de la existencia. El itinerario de inquietud y ansiedad que es común a estos personajes también está presente en Miedo, de Stefan Zweig, donde su protagonista, a causa de una caprichosa infidelidad, se ve atrapada en una encrucijada igualmente perturbadora, análoga a las pesadillas que afectaban a los personajes de las novelas anteriores, y que en último extremo limitan o condicionan su libertad, en una suerte de auto ordalía.  De las novelas, y a las puertas dejo El cuento de la criada, de Margaret Atwood, el tránsito continúa en las páginas de los libros de poemas. Abro De cuna y sepultura, el nuevo poemario de Javier Sánchez Menéndez (sexto libro de Fábula), que publica la editorial El Gallo de Oro, y el primer texto que me encuentro, El Ángel, retoma nuevamente "Las cosas de la vida y de la muerte", que marcan la piedra angular de nuestra condición de humanos. La "poesía de la existencia" llama a la identificación con la realidad, a mantenerse alerta, a descubrir en lo cotidiano la letanía de rutinas que nos acompañan. De un libro a otro, celebro la publicación en Renacimiento de la antología Soy en mayo, de Julio Martínez Mesanza. Una vez más, los ecos de Josef K. y su condición de pieza de ajedrez en un tablero del que solo Kafka tiene la solución a la partida, me parecen estar vivos al releer algunos de sus poemas: "Eso somos: peones que se ponen / en marcha hasta el final de la partida / y tienen que cruzar oscuros bosques / y nevadas estepas, conducidos / por un inútil y por guardias tuertos / y una cansada bestia flanqueados /". De nuevo, el juicio de los elementos y el desamparo de quien al albur de ellos navega: "Estoy solo en un mar que Dios no mira".  Quizá una sensación parecida debió experimentar Antonio Machado al tener que abandonar su patria y adentrarse en los tortuosos caminos de una Europa preñada por el virus de la discordia, con el embrión de la guerra revolviéndose en su vientre. Surge entonces la necesidad de apelar al principio de todo, cuando sobra el equipaje y apenas unas cuartillas arrugadas ocupan los bolsillos. Su último verso, sobre el que la editorial Visor ha apoyado los arquitrabes del número mil de su colección de poesía, condensa una reflexión que a la postre resulta liberadora para el poeta. Lo más terrible puede ser también el atajo que devuelva a la inocencia, que nos reconcilie con la tierra de la que hemos nacido y de la que somos un apéndice acaso. 





sábado, 31 de marzo de 2018

Más allá de las procesiones

Semana Santa. Conversábamos anoche sobre el significado de las manifestaciones que estos días se prodigan por nuestras calles, que inundan el espacio de las televisiones, que invaden los dígitos de nuestra cotidianidad. Para el creyente, es una forma de hacer catequesis, de infundir, con la medicina del silencio y la reflexión, la necesidad de buscar una salida a la las múltiples preguntas que incendian nuestro caminar, aportando un itinerario de esperanza. Para todos aquellos reacios a asimilar la brújula de la trascendencia, la Semana Santa se alza con su carga de folklore, de espectáculo abierto al fragor del turismo. Entretanto, un Cristo desfila en silencio. Tomando prestadas las palabras de D. Antonio Machado, uno es producto de cuanto respiró bajo estos días azules y este sol de la infancia, e interpreta el sentido de la religiosidad desde el prisma de quien lleva impregnada en sus rasgos la impronta de un creer alimentado a la medida de muchas voces, que va más allá del teatro de las imágenes, que te interroga y, no pocas veces, también tortura, pero que vive arraigado bajo la epidermis, con su carga de compromiso y su difícil lección de humildad, que tanto cuesta aprender. 



Jesús Condenado. Cáceres. Procesión Magna 2015. 

Prescindir de uno mismo, mirar hacia adelante, 
buscarse en los ojos del otro...

domingo, 25 de marzo de 2018

Sensaciones y reencuentros en la Feria del Libro de Trujillo

Con el sueño trastocado y despistadas las agujas del reloj por el cambio de horario, cercano el retumbe de los tambores y el aroma de las palmas y los brotes de olivo, descubrir de pronto esa irrepetible panorámica del skyline de la ciudad de Trujillo, aproximándose en la lontananza, es sin duda presagio de que la jornada que se avecina vendrá cargada de buenas vibraciones. Domingo de Ramos, último día de presentaciones en la Feria del Libro de este año en la hospitalaria vecindad de la Plaza Mayor trujillana. De mañana, la espontaneidad de Rosario Troncoso y "El ático de los gatitos", que han terminado rindiendo al público más menudo, presentando el tercer número de una revista que es toda una invitación a dejarse atrapar por el apasionante universo de la lectura, un detonante para encender la imaginación con sus historias, sus poemas, sus ilustraciones... Es fácil contagiarse de todo ello desde el sitio del público, ese privilegiado lugar desde donde la literatura se escucha y se percibe el entusiasmo de quienes como Rosario, Carmen Sotillo, Pilar López Ávila, lo viven y saben transmitirlo. Emocionante presentación para inaugurar la jornada infantil y juvenil de la Feria, con su atavío de reencuentros, amistad de letras, calidez de un abrazo, no obstante breve, pero sembrado de futuro. 


Feria del Libro de Trujillo, en la Plaza Mayor


Pilar López y Rosario Troncoso, durante la presentación 
de "El ático de los gatitos"


Rosario Troncoso y Carmen Sotillo, editoras de Takara, responsable de "El ático de los gatitos"


Con las editoras de Takara, en la Feria del Libro de Trujillo

La silueta de los edificios que se alzan sobre la vertical de la bellísima Plaza Mayor trujillana, más aún bajo el dentado que conforman los arcos de sus portales renacentistas, marcaba con serenidad el tránsito de las horas que conducían a la tarde. En el libro "Quiero ir al cole", editado por la Asociación Cultural Norbanova, uno no ha tenido participación alguna, pero hoy, fue una experiencia verdaderamente singular la de leer el precioso cuento que para esta publicación solidaria escribió Beatriz Osés, mientras afuera, los redobles de tambor de una banda de Semana Santa se dejaban oír, desafiando con su voracidad las notas del silencio instalado en la carpa durante la lectura, donde flotaban imágenes de niños de otras latitudes soñando con un mundo mejor en el que acudir a la escuela no suponga poner en peligro sus frágiles vidas, vuelos de hadas aprendizas que hacen y deshacen hechizos... 


Pilar López y Deli Cornejo, de la A.C. Norbanova, 
durante la presentación de "Quiero ir al cole"


La música como compañía improvisada, amable polizón en las páginas de un libro. Andrés Suárez, Estela de María, Sebastián Díaz Iglesias, ¡qué sintonía la que encadenan con sus palabras y sus acordes! A Sebastián, desearle la mejor de las suertes con su nuevo libro, "En clave de flamenco", que acaba de publicar la editorial Juglar y que para quienes participamos en el alumbramiento de su anterior obra, "En clave de rock", que editara Norbanova, representa una grandísima satisfacción, al verle crecer como autor y desarrollar un proyecto tan apasionante como el que constituye este nuevo libro, una vez más en la línea de ese propósito didáctico que le caracteriza desde su condición de maestro, como le gusta definirse. Jornada pues de reencuentros, de librerías, de libreros, de editoriales, y de amigos. 


Sebastián Díaz Iglesias, durante la presentación de 
"En clave de flamenco"


Con el autor y la gente de Norbanova. Feliz reencuentro. 

No podría finalizar esta crónica sin mencionar al que tiene en gran medida la culpa, en el buen sentido de la palabra, de todo esto, el que ahora tendrá que bajar las persianas y abandonarse por completo en los necesarios brazos de un descanso reparador después del trabajo bien hecho. Obviamente, me estoy refiriendo al poeta José Cercas, coordinador, un año más, de esta Feria del Libro. Bien ganado lo tienes Pepe. Apaga el móvil. Recuerda que como dijera Fray Luis, "¡Qué descansada vida, la del que huye del mundanal ruido...!". 










sábado, 10 de marzo de 2018

Bucear en la nada

De vez en cuando me reivindico. Desempolvo mis libros, dormidos en los cajones, avejentados en los estantes de las librerías. Uno alimenta la llama de otros, celebra la publicación de versos ajenos, acapara títulos en su ahíta biblioteca, pero deja que su palabra duerma el sueño del olvido, de la indiferencia. Son buenos aliados el silencio, la caricia de la oscuridad. El tiempo pasa y amarillea el papel, la tinta pierde vigor, las voces se apagan. Hace dos años, "El tacto de lo efímero", vestía nuevos ropajes con la complicidad de Ediciones Vitruvio. Recuerdo aquella primera presentación, en la Feria del Libro de Trujillo, recubierta de frío, enredados los versos en las cuerdas de mi guitarra. La de Madrid, en octubre, conserva el regusto del deseo inconfesable de sucumbir a la tentación de lo urbano, voltear la vida desde los cimientos para contagiarse de las prisas, de la combustión de las estaciones de metro, del anonimato de los rostros. Después, el mar en calma, la serenidad de las sílabas,  los soliloquios del insomnio, la larga travesía del desierto. 



domingo, 4 de marzo de 2018

Diario de Biblioteca: Con los libros en la maleta

Las últimas citas literarias, los encuentros con autores, la amistad y generosidad de otros, suelen traducirse en una superpoblación de libros que atoran en la biblioteca el tiempo disponible para su lectura. Listas de espera que no siempre se respetan, donde algún nombre insurgente se cuela, adelantando a los otros, que pacientemente aguardan su destino en apretados anaqueles. Hace una semana que se celebró Centrifugados, IV Encuentro de Literatura Periférica, y ya he hojeado varias veces los títulos que de allí vinieron (también de nuestra incursión en la excelente librería "La Puerta de Tannhäuser, de Plasencia). Coincidir con gente como Elías Moro o Esther Ramón llevaba adherido el privilegio de que sus libros se trajeron impresa la dedicatoria de sus autores, algo que reviste más relevancia cuando se trata de amigos o personas a las que se profesa una especial admiración, como es el caso de los nombrados. Se me escapó Ben Clark, que también andaba por allí y cuyos libros también llevaba en la maleta. Un territorio distinto es el que supone el contacto directo con las editoriales, con quienes hacen posible que nuestras palabras, nuestros trabajos, vean finalmente la luz y lleguen a las manos del lector. Hace apenas unas semanas que recibíamos en Cáceres, con motivo de la presentación del libro "Breve catálogo de insectos y otros seres menudos", de José Manuel Vivas, a las editoras de Lastura, Lidia López Miguel e Isabel Miguel. A Lidia la vimos de nuevo en Centrifugados, y una parte de la cosecha de poesía que de allí nos trajimos llevaba la firma de su editorial. Autores como Ángel Guinda, Manuel Lacarta, Graciela Zárate, en el catálogo de su colección Alcalima, harán compañía al magnífico título de nuestro amigo José Manuel Vivas, que presentamos en el Aula de la Palabra. Hubo también oportunidad para saludar a Charo Fierro, de Huerga y Fierro, a la gente de Aristas Martínez, a Marino, de La Luna Libros.. a quienes materialmente imprimen los libros que la editorial Norbanova viene publicando, con ritmo cansino pero sin flaqueza, Roberto y Eva, de Estugraf Impresores

Es triste que un encuentro de estas características no vaya a volver a celebrarse, aunque bien comprendemos los motivos y razones que su promotor, el poeta y editor José María Cumbreño, expuso en el momento de la clausura. El pasado viernes le tuvimos en el Aula, con ocasión de la lectura del mexicano Jorge Posada, y de alguna manera, el espíritu de Centrifugados recaló en Cáceres por unas horas, con ánimo de continuar visitándonos periódicamente. De Liliputienses también hicimos acopio y además de las obras del referido Jorge Posada, contará nuestra biblioteca con el legado en papel de Eleonora Finkelsein o Luis Arturo Guichard. Aquella tarde en que terminó Centrifugados, la Asociación Cultural "Letras Cascabeleras", quiso dedicarle su "Sherezade", la velada que cada último domingo de mes organiza en el bar "María Mandiles", con un micro abierto que se inicia con los acordes de "El Kanka" y donde cualquiera puede intervenir y hacer aportaciones, propias o ajenas. Al final, se realiza un sorteo entre los asistentes, cuyo premio es algún libro de los editados por dicha Asociación Cultural. Suelo tener suerte en estos sorteos de "Letras Cascabeleras", y en consecuencia, me traje uno de esos libros, uno de los pocos que me faltaban de su catálogo, los "Sonetos peregrinos" de Francisco Acedo. Poco antes, María, la presidenta de este infatigable colectivo cultural, me había pasado (como suscriptor), el último volumen editado en su colección de poesía, "Embalaje", de Marina Aoiz Monreal, que por cierto, tiene muy buena pinta. 

A los libros  procedentes de este tipo de encuentros, hay que añadir por último los que se reciben a través del correo, fruto de la generosidad y complicidad de sus autores. Si en una entrada anterior mencionaba el poemario "Nuestra orilla salvaje", de Rosario Troncoso, no finalizaré esta crónica sin referirme al libro recién editado en "Ravenswood Books Editorial", "El estro de los locos", del querido amigo y poeta Nicolás Corraliza, obra plenamente de madurez de un autor cuyos primeros libros vieron la luz en Cáceres, al amparo de Norbanova, y que está llamado a convertirse en un auténtico referente, con su propuesta poética cargada de contenido, al abrigo de una armadura sencilla y directa, exenta de formalismos. Los poemas de Nicolás ponen de manifiesto que no son necesarios extensos parlamentos para decir lo que se pretende decir. Hacerse espectador de la realidad, traducir con los mimbres del verso sus latidos. En su justa medida y templando su silueta.  


Como uno no está reñido con la narrativa, y de hecho, siempre tiene alguna novela sobre la mesilla de noche, apuntaremos ahora otra, la que ha publicado Acantilado para continuar completando la producción del escritor austriaco Stefan Zweig, el título "Miedo", al que ya estoy deseando buscarle un hueco. 




viernes, 9 de febrero de 2018

Desterrar el olvido. Correos y poesía

Celebrar aniversarios, buscar un pretexto para dar visibilidad a aquellos que ya no están con nosotros.  Parece que este nuevo año será propicio para avivar la llama del recuerdo y liberar de las telarañas de la memoria acontecimientos y personajes. Uno va siendo ya mayor y eso de cambiar calendarios va convirtiéndose en algo cotidiano. Esperemos que así sea por mucho tiempo. Otros se quedaron en el camino, pero la sensación es la de que nunca se fueron; de ahí que cualquier oportunidad para devolverlos a la actualidad sea bienvenida. He crecido con el trasiego de las cartas, de la correspondencia, de los sellos, con el olor metálico de los buzones. Desde siempre, todo lo relacionado con el correo formó parte de nuestro universo. No en vano, mi padre había dedicado toda su vida a este servicio, y aún recuerdo aquellos intrincados pasillos del viejo edificio de la calle Donoso Cortés de Cáceres, el alboroto de los carteros, la sala de clasificación de la correspondencia, el áspero tacto de las sacas. Tiene algo de romanticismo esa tarea de emular a Mercurio, de erigirse en mensajero de ideas, pensamientos, noticias de todos los colores... 


Cartería de Cáceres, en la década de los años 50. Una de las fotografías que se podrán ver en la exposición que se instalará próximamente en el vestíbulo de la Oficina Principal 
de Correos de Cáceres

Es el cartero un personaje proclive a despertar sentimientos emparentados con la poesía, y por eso, no debe extrañarnos que en Cáceres, en el siglo pasado, existiera un cartero-poeta, alguien que llegó a ser tan popular y conocido en su época, que finalmente, el consistorio cacereño quiso perpetuar su memoria poniendo su nombre a una calle de la ciudad. De su nacimiento se cumplen ahora cien años y ello será excusa para que el próximo mes de marzo se le organice un homenaje, que lo será a dos frentes, el literario, y el postal. Hablamos de Juan García García, nacido en Ahigal (Cáceres), en 1918, y fallecido en San Rafael (Segovia) en 1996. Del primero de dichos actos, que tendrá lugar el 8 de marzo, en el Gran Teatro, se ocupará su hija, Remedios García, muy activa en el mantenimiento de la memoria del poeta, con su participación en numerosos eventos como rapsoda y recitadora de sus versos. No faltarán aquellos fieles al homenaje a Gabriel y Galán que cada 6 de enero coordina en Cáceres la Asociación de amigos de la Estatua de Gabriel y Galán, que capitanea el cantautor y poeta Matías Simón.


Primera edición del libro recopilatorio de los poemas de Juan García García. Fotografía del poeta, en pleno desempeño de su labor como cartero en Cáceres, en los años 40 del pasado siglo. 

Del postal se encargará la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña, en colaboración con Correos, y ahí ando involucrado, rescatando y clasificando estampas e imágenes de aquellos años en los que Juan García prestó servicio, junto a tantas personas que como servidores públicos merecen un necesario reconocimiento por parte de la ciudadanía, que debe conocer sus rostros, su dedicación a los demás, en unos tiempos difíciles, cuando no existían los medios y posibilidades de que disfrutamos ahora. La exposición que se instalará en el vestíbulo de la Oficina Principal de Correos de Cáceres, a partir del 5 de marzo, exhibirá fotografías representativas de toda una época, en la que aparecerán personas que con su trabajo, contribuyeron al bienestar de sus convecinos, y me consta, por la parte que me toca, que no se dejaron clavos sueltos ni cartas sin entregar. Hoy, cuando cada vez se encuentra más en desuso el correo epistolar y los sellos son una rara avis, valorar la labor de aquéllos que posibilitaron que la comunicación fuera posible, con recursos tan limitados, no puede pasar inadvertido. Gente como Juan García, como mi padre, como tantos otros, no pueden quedar a merced de los desaires del olvido.